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Jean-Paul Lacombe tenía en realidad todo con lo que un cocinero en Francia podía soñar: un famoso restaurante en Lyon, el baluarte de la gastronomía, que desde 1978, y exceptuando una pequeña interrupción, ha sido distinguido con dos estrellas Michelín. Sin embargo, Lacombe ha tirado la toalla y va a transformar su «Léon de Lyon» en una brasserie grande. La inversión de tiempo y dinero en el tan premiado restaurante simplemente no merecía la pena, según el cocinero. Lacombe no es el único chef en la escena gastronómica francesa que se niega a doblegarse ante los imperativos de la haute-cuisine. Su compañero de profesión Alain Senderens, de París, saltó a los titulares en el año 2005 con el anuncio de que devolvía sus tres estrellas Michelín y que en el lugar de su carísimo restaurante «Lucas Carton», situado en la Plaza de la Madeleine, abriría un bistrot más económico.
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