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La verdadera historia de las espinacas de Popeye
El suministro que convierte en héroe al divertido Popeye no es tan como se dio a conocer, principalmente porque las espinacas no contienen tanto hierro.
La historia de las supuestas bondades ferruginosas de las espinacas de Popeye nació como consecuencia de la asunción de una supuesta verdad científica a partir de unos datos que contenían una errata y que se impusieron a las rectificaciones posteriores.
Hay que remontarse a los años 30 del pasado siglo cuando Max Fleischer crea al mítico personaje de cómic y decide que el simpático marino cobre un fuerza sobrehumana después de tomarse una o varias razones de espinacas enlatadas. Evidentemente, el dibujante exageró las bondades del producto en la historieta pero no debe olvidarse que Fleischer estaba imbuido por la creencia popular de que este tipo de verdura tenía un alto contenido en hierro que ayudaba a reponer fuerzas de inmediato a quien la consumía.
Por aquellas mismas fechas, las autoridades sanitarias de EEUU se vieron desbordadas por el incremento de casos de anemias ferropénicas, es decir, provocadas por la falta de hierro, por lo que se iniciaron campañas entre la población para popularizar el consumo de alimentos ricos en el mineral, incluyendo las espinacas de marras, gracias fundamentalmente al reclamo del personaje creado por Fleischer.
Hacia 1937 se hizo una búsqueda bibliográfica para determinar exactamente el porcentaje de hierro contenido en las espinacas y se descubrió el error en la interpretación del estudio de un científico alemán, E. Von Wolf, publicado en 1870. Al parecer, la persona que tomó los datos originales del experto alemán con los porcentajes del mineral en los alimentos transcribió mal los decimales de la cifra de hierro en las espinacas multiplicando por diez su contenido.
A pesar del descubrimiento del error y la consiguiente rectificación, el aura de Popeye sacando pecho y exhibiendo sus puños de hierro luego de comer sus botes de espinacas eclipsó la realidad contrastada y el mito ha pervivido hasta nuestros días. Las tablas dietéticas establecen sin embargo que las espinacas contienen solo 4 miligramos de hierro por cada cien gramos, frente a los 24 de las almejas, chirlas y berberechos, y los 13 de determinados pescados.
Desde el punto de vista bioquímico, las funciones del hierro se derivan de su particular estructura electrónica, participando habitualmente en reacciones de oxidación y en el transporte de oxígeno a los tejidos para mantener la respiración celular. La hemoglobina, el pigmento rojo de la sangre, capta oxígeno en los pulmones y lo cede a los tejidos, donde es empleado para oxidar sustratos y obtener energía mediante procesos en los que también interviene el hierro.

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